Monumentos

Acordamos caminar bajando por la calle séptima con nuestra pelota azul de letras y al pasar por frente a la amplia casa en donde el profesor Santaella, algunos días, nos dictaba clases de matemáticas y de español, sentí un escalofrío. 

 El plan era bajar al centro hasta la carrera Séptima entre calles Sexta y Séptima, frente al mal llamado Palacio de Nariño, donde había una plazoleta que alberga uno de los principales monumentos conmemorativos de Bogotá e instalado hace 76 años: se trata del monumento a la batalla de Ayacucho. Plazoleta que siempre nos recibía con sus cuatro leones, una escultura femenina que representa la victoria, y dos esculturas que representan a los principales generales de esta batalla: el general José María Córdoba y el general Antonio José de Sucre. 

Nos divertíamos día tras día, cuando nos encaramábamos en los lomos de pulido bronce de aquellos leones, creyéndonos jinetes sin freno hasta cuando la sed nos obligaba a morder los viejos refrescos TAN, en bolsa: Muérdalo, Chúpelo y bótelo!, que llevábamos en los bolsillos. Más tarde terminábamos disputando interesantísimos partidos de fútbol en la plazoleta de entrada al Colegio Mayor de San Bartolomé, emulando a Maidana, Spencer o a Joya jugadores del Peñarol de una inolvidable época.

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